De un antiguo topo viajero

A veces se me olvida que hace dos meses dejé de ser un topo y aún extiendo los brazos cuando amanece, cual faraón egipcio en película de terror, para palpar cada objeto de la mesa de noche en busca de aquellas gafas que, sin embargo, ya reposan en el baúl de los recuerdos.

Foto de Mchael David Hill (Mikiwikipikidikipedia en en.wikipedia)
Foto de Michael David Hill (Mikiwikipikidikipedia en en.wikipedia)

Se me olvida por la costumbre de haberlo hecho cada día desde que empecé la primaria. Y cuando por fin despierto del estado zombi, me doy cuenta que ya no hace falta repetir la misma rutina porque puedo ver hasta la textura corrugada del techo sin ayuda externa. Entonces, empiezo a filosofar sobre ideas que tenía antes de hacerme esta operación que en 20 minutos borró de tajo 27 años de ceguera.

Antes pensaba, por ejemplo, que comprar un pasaje sólo porque sí, era materializar un deseo de libertad que esperaba “quietico en primera” cada día. Hoy entendí que la libertad es aún mayor cuando no dependes de un par de lupas para saber dónde poner el pie.

¿Dónde están mis gafas?”

La frase que tal vez más he repetido en la vida y con la que mis amigos me imitaban, desapareció. Por eso, aunque busco una nueva identidad, valoro como nunca haberme librado de esa esclavitud cuando tienes sueño en un viaje, porque debes buscar dónde dejar las gafas sin aplastarlas o dónde quitarte los lentes de contacto para que no se peguen a los ojos.

Recientemente comprobé además que en situaciones extremas como un ‘trekking’ en la selva, andar sin gafas es una bendición. Observar a lo lejos las gotas de lluvia (¡tan diminutas!) y asombrarte con algo que parece tan normal pero que para ti es una maravilla, poder esquivar un escorpión cuando salta a tu almohada pasajera porque, ey, lo alcanzaste a ver en medio de la oscuridad y… ¡pudiste saltar a tiempo!

Sudar sin que se te pegue la montura a la nariz, tirarte a un río sin pensarlo dos veces, atravesar rocas resbalosas sin agacharte para ver cada recoveco… caminar en plena tormenta sin que los vidrios se llenen de gotas, y evitar confiar a la fuerza en que tu compañero de paseo, a quien tal vez acabas de conocer, te lleva por buen camino…

Más que una buena mochila o unas botas guerreras con buena suela e impermeables – que también son importantes-, definitivamente el mejor insumo para las experiencias extremas es una visión 20/20.

Los topos lo tienen más difícil para ir en busca de aventuras. Salvo si es en la noche, claro.

2 thoughts on “De un antiguo topo viajero

  1. Amiga
    puedes decirme de lugares interesantes de conocer en Colombia, estoy planeado un pequeño viaje que incluye Colombia, vivo en chile y planeo quizás irme un mes por Perú ,Ecuador y Colombia, bastante corto mi viaje por lo mismo se agradecerían mucho tus recomendaciones.
    un abrazo de una nuevo amigo chileno.
    nota: planeo viajar finales de enero.

    1. Hola Carlos! Gracias por tu comentario. Depende de lo que quieras visitar pero me parece muy poco tiempo para conocer tres países. Y todo depende también qué busques si ecoturismo, sitios históricos… Por qué no te centras en uno solo y lo conoces bien?

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