El día en que los “bedbugs” me financiaron un viaje

Aunque aún salgo espantada cuando escucho que hay “bedbugs” o pulgas de cama en algún hotel, en una ocasión esos insectos me terminaron financiando un buen viaje, por lo que unos días con brote y rasquiña terminaron convirtiéndose en una bendición (como dicen las mamás: “no hay mal que por bien no venga, mija” y “lo que es pa’ uno, es pa’ uno”, jaja).

La historia sucedió hace ya varios años. No fue en el sudeste asiático, donde son tan comunes. Tampoco en un lugar húmedo y caliente. No, fue en Alemania. Berlín, para ser exactos. Y no en cualquier “cueva” tenebrosa de hotel u hostal. No: era un cuarto privado muy bonito, iluminado y limpio. Tanto, que me sentí mega afortunada apenas abrí esa puerta, después de muchas horas de vuelo desde Colombia, mi país natal.

Aclaro: Horas de vuelo y trauma luego de una fuerte turbulencia por el Atlántico, cuando faltaban 5 horas para aterrizar y agoté todas las oraciones que me sabía de memoria. Desde entonces, le tengo un respeto (por no decir pavor) enorme a los aviones. Mejor dicho: me faltó tirarme a besar el suelo apenas toqué tierra firme.

Volviendo al cuento, iba a Berlín porque me había ganado una beca de periodismo deportivo y pasaría el verano de aquel año en la capital alemana. Al cabo de unos días de curso, trabajo, curso, trabajo, manchas rojas emergían por todo el cuerpo, sin poderlas detener. Y no solo eso: picaban a un nivel insoportable… Al punto que tuve que excusarme con los “profes” y las compañeras de curso porque no podía parar de rascarme. Me sentía como un perro pulgoso.

Tras dos semanas alternando entre rascarme y quejarme, decidí ir al dermatólogo, en quien había depositado – sin éxito- todas mis esperanzas. El hombre me diagnosticó “estrés”, y me mandó unas pastillas. O sea igual que en Colombia, donde solo recetan Acetaminofén y pa’ la casa. ¿¿¿¿En serio????

“Tan raro, si en Colombia vivo más estresada que acá…. no entiendo nada”, le dije a Paty, mi buena amiga mexicana, a quien conocí en aquella estadía. “Son bichos, chaparrita. Confía en mí. Ese tipo no sabe nada”, respondió.

¿Cómo podía ser posible que un dermatólogo no reconociera las picaduras de pulgas de cama (aunque según mi lógica entomológica, el tamaño de estos bichos no correspondía con el de las pulgas)? Por eso no le hice mucho caso a mi consciencia, o sea, a Paty. Igual revisamos el colchón pero nunca encontramos nada. Y como llegaba tan cansada por las noches, apenas tocaba la cama caía muerta hasta el día siguiente (claro, debí haber estado lista como ninja con una lupa cuando cayera el sol).

Así que la rasquiña se prolongó por meses, con una leve mejoría cuando viajé un par de días a Barcelona y por tanto, dejé de dormir momentáneamente en aquel lugar.

Los días siguieron hasta que se terminó la beca. Como el último día era la despedida, y además, mi cumpleaños, y aparte quién sabe cuándo volvería a ver a mis amigas, había que pasar la noche en vela. Así que faltando un par de horas para irme, llegué para alistar mi maleta y salir al aeropuerto, con una pequeña siesta entre medias para recuperar fuerzas.

No imaginaba cuál sería mi verdadero regalo de cumple…

De “bedbugs” a euros

Recién había cerrado los ojos cuando sentí el cosquilleo… y agarré uno de los bichos con los dedos. ¡¡¡¡Paty tenía razón!!!! Y no se necesitaba ser dermatólogo para eso. Me levanté de golpe, como si hubiera un incendio en mi habitación, y miré muy cuidadosamente el colchón. ¡¡Estaba infestado!! Y hasta el último día lo terminé confirmando. Llena de asco terminé en la recepción con mi maleta lista, mostrándole las fotos a la persona encargada… y haciendo un show del que creo que cualquiera de mis amigos se avergonzaría…

De este calibre eran los bichos que tenía aquella cama…

Me quejé con mis amigos alemanes del curso, quienes se encargaron de contactar al hotel a ver cómo podía resarcirme de alguna manera la incomodidad de aquellos meses.. Sinceramente, pensé que todo quedaría en disculpas. Claro, en ese entonces no sabía hasta qué punto cuando los alemanes dicen algo, va en serio. No como nosotros que empezamos que “ahorita”, que “ahí miramos”, que “tal vez”, que “de pronto”, que “quién sabe”, que “algún día”… No, no, esto era Alemania (yujujuuuuuuu!!!!!).

Cuál sería mi sorpresa cuando días después y ya de regreso en mi país, me contactaron para preguntarme mi número de cuenta, y hacerme una consignación como compensación. A los 30 días después de aquello, recibí casi 900 euros (aunque no recuerdo la cifra exacta en este momento), por lo que aquella mala experiencia de hace 6 años terminó transformándose en un viaje rumbo a la bella isla de Cuba.

Bien sabemos que en nuestros países un par de euros se multiplican milagrosamente, por aquello de  monedas fuertes vs. débiles, así que me imaginé en unas muy buenas “vacaciones”por el Caribe, aunque en realidad solo había pedido unos días en el trabajo. Al llegar a Cuba aprendí la diferencia entre el peso convertible vs. el peso cubano, por lo que el cambio no fue tan milagroso, pero igual… ¡¡¡los “bedbugs” me costearon el viaje!!!

Ahora, viajando por el sudeste asiático, y cuando me han vuelto a picar en más de un hostal (aunque haciendo honor a la verdad, esto solo me ha pasado en Camboya, y en sitios MUY baratos), no puedo evitar recordar cuando me indemnizaron por haberlos padecido. ¡Tiempos aquellos!

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