La mística del Putumayo, Colombia

Putumayo me llamaba desde mucho antes de atender su petición. Me llamaba, y yo lo sentía. Insistía, y mi primer impulso fue ignorarlo… pero el susurro seguía. Aparecía nuevamente, en boca de uno que otro amigo, en letras de uno que otro artículo.

Pero después de darle vueltas un par de días y de confirmar que tendría una semana para llegar así de lejos, la curiosidad venció la resistencia y me lancé al vacío, aunque no caí como las aguas de sus cascadas, cuando chocan violentamente contra las piedras mojadas.

Por el contrario, el Putumayo me recibió en un lecho esponjoso del que me costó -y aún me cuesta- despegarme luego de probarlo brevemente.

Putumayo cascada
Sueño con ver esto de nuevo… los ‘flashbacks’ aún invaden mi rutina

Así que, en un arranque de valentía, compré el pasaje de bus y luego de 12 horas desde Bogotá, que se alargaron a 16, llegué a Mocoa sin conocer a nadie, y con la mochila y la cámara como únicas compañeras. Extrañaba esa sensación. Hacía rato no les daba la exclusividad que merecían.

Desde el bus, la mística se colaba entre los poros. Esas montañas imponentes, vestidas de verde ya anunciaban las bondades de un destino que, lastimosamente, aún es desconocido para muchos colombianos.

(((((PARÉNTESIS: Aunque ahora nos aventuremos mucho más a conocer este país maravilloso, aún falta que los colombianos venzamos todos aquellos miedos que infundó el conflicto armado. En Putumayo, por ejemplo, la mayoría de turistas son extranjeros mientras que los colombianos aún dudamos de si explorar o no nuestro propio país)))))

Putumayo carretera
Carretera de Mocoa a Villagarzón

Finalmente, toqué tierra putumayense (pensé que no llegaría!!). Lo primero, comer -odio pasar hambre-. Lo segundo, buscar la posada Dantayaco, donde me iba a hospedar durante una semana.

(((PARÉNTESIS: quedé impresionada con lo económico de este destino. Un almuerzo costaba apenas 4.500 pesos en Mocoa))))

Así, y preguntando en la capital de Putumayo, llegué a una camioneta pequeña que me llevó hasta el hostal, en la vía a Villagarzón. Y allí terminé acampando los cinco días santos, porque quedaba cerca a varios sitios turísticos como la cascada del Fin del Mundo y el Mariposario.

CamionetaPutumayo
Mi vista desde la camioneta hacia Villagarzón

 

Así, los cinco días transcurrieron entre caminatas, contemplación, barro y muuuucha lluvia (erróneamente imaginé un calor ‘pegachento’, mega-húmedo, por lo que dejé el abrigo en Bogotá. Grave error!!! Cada noche resultó un suplicio porque moría de frío… aunque luego resucitaba en las mañanas. Toda una oda a la Semana Santa).

En cada recorrido, además de admirar los paisajes, también pedíamos “permiso” antes de entrar a lugares indígenas sagrados, unos sitios maravillosos de los que hablaré próximamente.

(((PARÉNTESIS: Con razón los consideraban sagrados!!!! Roban suspiros, inspiran preguntas de tipo “¿qué es la vida?”, “¿por qué estoy aquí?” y exclamaciones a lo “¡qué grande es todo esto y qué minúscula soy yo!”. ACLARO, no me estoy volviendo loca))

Nuestro guía de la posada hacía paradas no sólo para recuperar el aliento, sino también para reflexionar sobre lo que íbamos viendo. Nos daba a mascar “pepitas” de cardamomo mientras él “mambeaba” (mascaba hoja de coca), y al retomar la caminata, cantaba un par de melodías que, por supuesto, me grabé en una de tantas notas mentales que quedaron de este viaje.

(((ESCUCHAR: “A la montaña iré” y “Tomando un poquito de yagé“. Ayyyy… se me agua el ojo :O ))))

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Siempre lo he dicho, Colombia tiene un potencial increíble en ecoturismo. Pero el Putumayo… es diferente, es mucho más que eso. ¡No sabría explicarlo! Tal vez no es sólo la naturaleza en sí sino también las comunidades indígenas que viven allí – ingas, kofan, y otras-, las que dan relevancia a tanta belleza.

No sé por qué no había ido antes a semejante diamante en bruto. 28 años sin haberlo conocido… ¡vaya desperdicio!

7 thoughts on “La mística del Putumayo, Colombia

  1. Hermoso!! Definitivamente es un destino que se debe conocer en nuestro propio país! Este post me contagió las ganas de ir. Un abrazotee

  2. Soy de Medellín y vivo en Mocoa hace 5 años. La primera vez que vine fue solo para conocer y quedé totalmente enamorada de este lugar. Los primero que pensé cuando vi estas montañas fue: voy a vivir acá! Putumayo es un lugar mágico, excepcional. Sus ríos son algo que te quita el aliento, demasiado hermosos. Y cuando hace frío: neblina en las montañas… Putumayo es agua brotando hasta de las piedras.

    1. No dudo que te hayas querido ir a vivir allí! Es un lugar impresionante, siento demasiada nostalgia. Por ahí dicen que el que bebe agua del Putumayo vuelve… yo sigo en el embrujo, y seguro volveré… 🙂 Gracias por leerme!

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