Respetar o morir en el nevado de El Cocuy, Colombia

Suena exagerado pero aunque cueste creerlo, en El Cocuy se aprende a la fuerza -sí o sí- a respetar la naturaleza. Allá no hay segundas oportunidades: ir sin el equipo adecuado, sin las provisiones necesarias, sin tener las condiciones físicas para ese nivel de dificultad, puede significar la muerte.

Fuimos hace casi un año con unos amigos y el paseo nos dejó un mal sabor de boca: durante aquel puente en que nos quedamos en las cabañas de Los Herrera, un caminante se perdió. Sucedió un domingo. Ese día, el bumangués había llegado con sus amigos desde la Ciudad Bonita con la idea de pasar apenas 24 horas en el lugar y regresar.

Pero se hizo de noche y sus acompañantes se quedaron esperándolo. Hacia las 7 pm, preocupados, llegaron a pedir ayuda en el refugio donde estábamos. La Cruz Roja inició la búsqueda, que terminó extendiéndose por meses.

La cuestión fue así: el extraviado, Reynel Cristancho, después de manejar toda la noche, llegó a El Cocuy con tres aventureros más. Del pueblo decidieron entrar al parque horas después e iniciar inmediatamente el ascenso al Púlpito del Diablo después del mediodía.

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El tan anhelado “Púlpito del Diablo”

Sin la ropa necesaria para soportar tal vez menos de 5 grados, sin haber comido lo suficiente, sin haber dormido la noche anterior y sin haberse aclimatado tras pasar de 900 metros a casi 4.000 sobre el nivel del mar, los recién llegados estaban jugando con fuego.

Luego de caminar un par de horas, tres del grupo decidieron devolverse por el “soroche” o mal de altura. Cristancho siguió con otros caminantes que acababa de saludar porque quería ver la nieve, según quienes habían viajado con él. Pero al cabo de un tiempo, los desconocidos con los que había seguido descendieron sin él.

Era inevitable pensar lo peor. Ya estaba oscuro, el clima era demasiado duro y el viento, inclemente. Si Cristancho pasaba una sola noche a la intemperie, estaba más que claro que moriría.

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Esta foto resume todo

Terminamos ese puente sin saber el fin de la historia. El cierre de este capítulo llegaría meses después, cuando nos enteramos por las noticias que, en efecto, había aparecido el cuerpo sin vida de este hombre que tal vez nos habíamos cruzado aquel mismo día, cuando él apenas subía y nosotros ya habíamos terminado nuestra ruta.

 

La charla obligatoria

 

Lo raro es que antes de entrar a la reserva, en límites de los departamentos de Boyacá y Arauca, es obligatorio escuchar una charla del personal de Parques Nacionales Naturales. En ella, explican que cuando el oxígeno escasea en el aire, hay que ingerir mucha agua; que es mejor parar y devolverse que subir a como dé lugar; que hay que llevar alimento suficiente para tener energía por las difíciles condiciones del ascenso; que nunca está de más llevar impermeable ni cualquier prenda para mantenerse caliente. ¡En fin! Las advertencias no faltaron…  pero visitantes como Cristancho no se tomaron en serio que la montaña no perdona.

Nosotros, algo mejor equipados, también sentíamos cómo el nevado imponía sus reglas sin dar siquiera el chance de rechistar. Aquel mismo domingo, cuando el grupo de Cristancho aún estaba en carretera, nosotros empezamos el ascenso al Púlpito desde las cabañas. Eran las 6 am. Todos con impermeables. Las gotas, heladas.Se clavaban en el rincón de piel que medio encontraba al descubierto.

Los pies se sentían pesados, muy pesados… cada paso se convertía en una lucha personal para convencerse de que sí se podía. Y debajo de las bufandas, gorros e impermeables, se escuchaba, ensordecedor, el unísono de la respiración. Parábamos seguido. Comíamos bastante. Nos dábamos ánimo.

Descanso Cocuy
Una de tantas paradas por el camino

El camino estaba plagado de piedras pequeñas, cuando era mínimamente plano. Pero en la mayoría de partes, había que apoyarse en rocas más grandes. La capa de agua se atrincheraba en sus recovecos y engañaba a las suelas lisas. La precaución aumentaba exponencialmente.

Descansos intermitentes. Fuego en la cara: el hielo nos quemaba la piel. Y aún no veíamos la nieve. Ya muy cerca, en la última loma para llegar a la anhelada roca cuadrada, sentíamos que las ráfagas nos tumbaban al suelo. El frío se hacía insoportable. La neblina lo invadía todo. Era difícil reconocer hasta dónde llegaba la roca y dónde comenzaba el abismo…

El guía preguntaba si queríamos seguir. Veíamos a otros excursionistas resbalar y caer en las rocas lisas. La nieve parecía aún lejos. Habíamos caminado unas cinco horas en subida y con poco oxígeno. “¡Es el ‘puto’ infierno!”, resumió mi amigo Gonzalo (es español, perdonémosle las ‘palabrotas’, vamos :P).

Decidimos regresar sin tocar la nieve ni la piedra cuadrada. El palo no estaba para cucharas. No teníamos botas de agarre ni de escalada ni bastones especiales. Era muy, muy peligroso.

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Pasos más allá de este sitio, decidimos retornar

Un poco más allá del punto donde dimos marcha atrás, encontraron el cuerpo petrificado de Cristancho. Sé que algunos de los integrantes de nuestra excursión se arrepintieron de no haber llegado hasta arriba de todo pero esa decisión tal vez fue la más sabia que pudimos tomar en aquel momento.

Al volver a las cabañas, ya en la tarde, sedientos de una ducha caliente, ropa seca y muchas mantas, Erika, quien iba en nuestro grupo pero prefirió quedarse descansando, nos preguntó cómo nos había ido en la subida más fuerte. Estaba interesada justo en ese lugar porque años atrás, justo allí, una amiga suya murió por un golpe en la cabeza, tras resbalar.

¿Cómo prepararse?

Fuimos un puente por esta misma época el año pasado. Llegamos un día antes del trek fuerte para aclimatarnos un poco (¡y eso que íbamos desde Bogotá, que está a 2.600 metros sobre el nivel del mar!) e hicimos una caminata corta y relativamente sencilla (de unas tres horas) en el valle de Lagunillas, que está muy cerca a las cabañas.

(((PARÉNTESIS: Subí caminando sin falta los cuatro fines de semana previos al paseo al cerro de Monserrate, dizque para acondicionarme físicamente para las duras condiciones, de las que ya había recibido un par de advertencias. Al final imagino que de algo sirvió, aunque no lo suficiente: la altura igual me dejó KO después de la subida al Púlpito sin ver el Púlpito, lol)))))

Ya el día de la subida, con muuucho ‘mecato’ en la maleta, protector solar, abrigo suficiente e impermeables, comenzamos a subir. Algunos no llevábamos guantes de nieve y por eso, con unos humildes retazos de tela, sentíamos las manos congeladas. Quedó de lección para la próxima.

Recomendable también subir con guía porque el paisaje de páramo se repite y es fácil perderse. Aún más entre la infinidad de rocas grises, grandes y lisas que hay en la subida. Y parar por mucho tiempo, con ese frío, hace que cueste el doble retomar la ruta.

Frailejones Cocuy
Los frailejones, plantas típicas del páramo

¿Cómo llegamos y cuánto gastamos?

Como íbamos bastantes desde Bogotá (unos 12), contratamos un bus para todo el grupo que salió el viernes por la noche y nos dejó en el municipio de El Cocuy el sábado por la mañana.

Senora-Cocuy
El bello municipio de El Cocuy

Ahí, después de pagar la entrada al parque, unos guías locales que habíamos contactado nos llevaron a las cabañas reservadas previamente. En ellas comimos desayunos, almuerzos y comidas, y de vez en cuando nos regalaban una que otra agua de panela y tinto (café negro).

Eso, más la guianza de dos personas para el grupo, nos salió más o menos por 350.000 – 400.000 pesos cada uno (incluyendo transporte y absolutamente todo). Nada mal para una experiencia con paisajes impresionantes pero también con un par de reflexiones de la vida, la existencia y la fortaleza…. de aquellas que me gustan a mí 😉

*Agradecimiento especial a las compañeras de viaje Laura Vera, Nathaly Ramírez y Ángela Losada, quienes tomaron estas fotos. Las mías… las perdí con la formateada de la tarjeta de memoria :S

14 thoughts on “Respetar o morir en el nevado de El Cocuy, Colombia

  1. Lastimosamente por gente irresponsable es que hay conflicto en estos momentos en el parque el Cocuy , por no darle el respeto que se merece a la montaña-naturaleza los indígenas y campesinos se encuentran indignados.

  2. Lastimosamente por gente irresponsable es que hay conflicto en estos momentos en el parque el Cocuy , por no darle el respeto que se merece a la montaña-naturaleza los indígenas y campesinos se encuentran indignados.

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