Una intensa semana en Ciudad de México: guía completa de viaje

Ciudad de México. 21 millones de habitantes en un valle rodeado por volcanes, cuyo representante más famoso es el Popocatépetl, con 5.500 imponentes metros de altura. La “CDMX”: allí donde el smog se une con columnas de humo esporádicas que crean una capa gris en su superficie.

Respeto: te enfrentarás a la ciudad más grande de Latinoamérica. Temor ante ese “monstruo” de mil patas. ¿Domarlo? ¿Para qué hablar de una relación de fuerza o de vencedores y vencidos, cuando la “CDMX” te arrulla calurosamente en sus brazos pese a que eres un pececillo más en semejante mar de seres humanos?

Sí, porque no es la abrumadora inmensidad de la capital mexicana lo que queda en el recuerdo luego de partir, sino la hospitalidad con que te recibió.

Los tiempos de transporte en metro, trolebús (como el Transmilenio bogotano), taxi o San Fernando (un poco a pie y otro poco andando), así como lo opaco de sus edificaciones y las bajas temperaturas (o bajas para “calentanos” como yo) no hacen honor a la vitalidad de la ciudad.

O por lo menos es la imagen que aún permanece luego de pasar allí una semana mega activa hace varios años, que recuerdo con mucho cariño, gracias también a que –valga decirlo- tuve unos anfitriones fuera de serie.

En la CDMX cerré con broche de oro un viaje de casi un mes, en el que además visité la Riviera Maya (Playa del Carmen), Guadalajara y Guanajuato. Días que se quedaron cortos, dada la extensión del país del norte. En aquella época no había conocido las maravillas de viajar lento, pero igual no me arrepiento: cuando esto pasa, siento que algún día debo terminar lo que empecé. Un llamado a volver.

Retomando el tema de este post colaborativo con Expedia.mx, ¿qué se puede ver en una semana en la CDMX?

1. Pirámides de Teotihuacán

Todo el mundo sabe qué es Teotihuacán y por ende, todo el mundo sabe también que es el sitio arqueológico más concurrido del país, pero no te puedes ir de la CDMX sin haber ido a este lugar, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1987.

#tbt de hace 5 años en #Teotihuacán, #Mexico!!! Al comienzo de una nueva vuelta al mundo luego de pasar una #Nochevieja como nunca en Playa del Carmen. Amigos del #DF me advirtieron antes de ir que debía vestirme de blanco para "absorber la energía" del sol desde arriba y bueno… Hice caso. Adonde fueres… 😅😅😅 🇬🇧 TBT from 5 years ago in Mexico! A New-Year-start after a great party in Playa del Carmen! Then, in Mexico City, some friends told me to dress in white before going to the pyramids "to catch all the energy up" coming from the sun and (for sure) I did obey 😅😅. Gotta do what they do wherever you go! #throwbackthursday #white #pyramid #viajar #viajes #travel #travelgram #latergram #instatravel #America #instago #instagood #comuviajera #igerscolombia #igersmexico #instalike #me #viejaqueviaja #bucketlist #travelphotography

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Queda a unos 80 kilómetros de Ciudad de México y visitarlo te puede tomar medio día o más, dependiendo de si quieres entrar a sus museos y leer las explicaciones con calma. Estar frente a las gigantescas pirámides de la Luna y el Sol es indescriptible.

Uno de mis anfitriones me recomendó ir de blanco para “capturar la energía” que emanaba de las pirámides por lo que me cambié y hasta usé ropa prestada. Al final no sé si sirvió porque no sé cuál habría sido la diferencia al ir vestida de otro color pero igual aún recuerdo la felicidad de aquel día cuando veo fotos viejas.

2. Subida al Tepozteco

No queda precisamente en la Ciudad de México pero está a unas dos horas en bus. Se trata de un cerro al que subes una vez llegas al pueblo de Tepoztlán, Estado de Morelos, donde reposan algunas pirámides.

La información básica para subir al Tepozteco

La caminata puede durar unas dos horas, que incluye parar en “puestecitos” de comida, por si el ejercicio te da hambre; alimentar los hurones; y apreciar un lindo paisaje y mucha arqueología.

Este es el paisaje desde la cima

Al bajar te esperan unos buenos vasos de pulque, un trago que describiría como jugo fermentado (hay de diferentes sabores). Bastante riesgoso, por cierto: ¡puede emborrachar muy rápido por lo rico y dulce!

La “chaparrita”, mi gran amiga, incitando al desorden

Luego te puedes entretener con los mercadillos del pueblo.

3. Ir a la lucha libre y gritar como un “defeño”

Apenas me lo propusieron pensé: “¡¡¡¡Pa’ mañana es tarde!!!!”. Ir a las populares luchas en México en vivo y en directo era para mi como ver a los mariachis de Plaza Garibaldi o incluso mejor, porque me atraen bastante los deportes de contacto. Además de la mística de las máscaras y las leyendas de luchadores como El Santo o Blue Demon, que se sumaban a la diversión de la pelea como tal.

Un momento memorable en las luchas

Y así terminamos yendo una noche, previa presentación de un luchador reconocido, llamado Shocker, quien tiene su propio restaurante y era amigo de uno de mis queridos anfitriones. Después de tomarnos la respectiva foto (no importa que no lo conociera en ese momento porque en México era famoso y eso me bastaba), terminamos comiendo, bebiendo, y gritando hacia el cuadrilátero a grito herido: “¡¡¡¡¡Pinche pendejoooooooooo!!!!! ¡¡¡¡¡Peleas como una niña, cabróoooooooooon!!!!!!”.

“Shocker” en la mitad y Lalo, un excelente anfitrión, a la izquierda

(PARÉNTESIS: Mis disculpas con el género, las feministas, etc. Sin ánimo de ofender, yo misma entrenaba taekwondo y no creo que pegara “como una niña”. Pero bueno, es el espíritu de las luchas y no me pude resistir a aquella ola de adrenalina).

4. La Plaza Garibaldi

No soy muy fan de los mariachis pero no me costaba nada pasar por la famosa plaza y echar un ojo…. En Colombia, estos cantantes, las rancheras y los corridos prohibidos son bastante populares, así que ya tenía idea de algunas de las canciones. Sin embargo, pasar una noche entera allí ya era demasiado para mi gusto.

5. Ir al Ángel de la Independencia

Obviamente, el Ángel de la Independencia, símbolo de la Ciudad de México y ubicado en el Paseo de la Reforma, estaba en la lista. Esperar cómo las nubes acechaban la escultura de la Victoria al caer el sol y fotografiar aquel momento fue uno de los planes que disfruté en soledad, cuando mis anfitriones estaban en múltiples ocupaciones.

Me encantaban los atardeceres con “Victoria”

6. Visitar el Palacio de Bellas Artes

Cerca al Ángel de la Independencia está el Palacio de Bellas Artes, en el centro histórico de la capital mexicana. Tanto su arquitectura como sus exposiciones interiores, incluidos los murales de Diego Rivera, son un espectáculo que vale la pena apreciar. En ese edificio fue velado el Nobel colombiano Gabriel García Márquez, quien murió en 2014, a quien traigo a colación ahora, a propósito de los 50 años de publicación de “Cien años de Soledad”.

7. La Torre Latinoamericana

Queda al frente del Palacio de Bellas Artes y el mirador de este rascacielos te da una idea de lo inmenso que puede ser aquel “monstruo” de mil cabezas. Con ayuda de un teleobjetivo reconocí el Zócalo y otras zonas cuyo suelo ya había pisado en otros días.

¿Qué tal las vistas desde la torre? Este es el inmenso Zócalo

8. El Zócalo

El rectángulo más grande de la ciudad, de casi 47.000 metros cuadrados, y también conocido como la Plaza de la Constitución, es escenario de desfiles militares y de actos de conmemoración por la Independencia de México. Bastante fotogénico: seguro que muchos lo hemos visto infinidad de veces en televisión, incluso en aquellas imágenes de miles de catrinas que salen por las calles el Día de Muertos (2 de noviembre).

9. Arte internacional

Aparte del arte tradicional mexicano, en la ciudad más grande de Latinoamérica puedes encontrar exposiciones internacionales modernas. Cuando fui, en el Antiguo Colegio de San Ildefonso, también en el centro histórico, estaban exhibiendo las figuras hiperreales y gigantescas del escultor australiano Ron Mueck, lo que me entretuvo una tarde entera.

10. La Virgen de Guadalupe

No es para todo el mundo, por supuesto, pero en Latinoamérica la Virgen de Guadalupe es un referente. En Colombia, por ejemplo, esta imagen está muy, muy extendida. No puedo decir que al mismo nivel que el Divino Niño (porque a Colombia se le conoce informalmente como el “país del Divino Niño”, para bien o para mal) pero es popular. Yo tenía mi petición preparada así que también pasé allí un par de horas.

11. Coyoacán

La Ciudad de México está dividida en 16 delegaciones y Coyoacán, la de los coyotes, es una de ellas. Allí, aparte de una fuente hermosa, puedes encontrar el museo de Frida Kahlo, lindos bares y restaurantes.

La fuente de Coyoacán

12. Comer nopales, mole, chilaquiles, tacos, enchiladas, burritos, quesadillas, chapulines…

Si se te acaban los planes o te da pereza salir a recorrer la ciudad, puedes disfrutar de la comida mexicana en cualquier carro de burritos, tacos o lo que se te antoje. Personalmente, le huyo al picante, por lo que no disfruté tanto este ángulo de la visita. Pero si eres amante del chile, ¡México te parecerá el paraíso!

13. Tomar tequila y mezcal

¡Ah! ¡Qué relación de amor-odio! Un muy fuerte sabor y el calor del trago quemándote la garganta, pero aún así tomas. Y el gusano del mezcal para el que se acabe la botella terminaba siendo la joya de la corona para acabar (¿o empezar?) la borrachera.

Nunca logré acostumbrarme a ninguno de los dos tragos típicos. Es más, podría decir que tuve una tormentosa relación con ellos pero… ¡Ey! Estando en México, no puedes huirles eternamente. Ahora, desde la lejanía del sudeste asiático, los recuerdo con cariño.

Y podría seguir extendiendo este post, porque la oferta de semejante ciudad es casi infinita, pero tampoco quiero volverlo un pergamino. Sin embargo, si quieres conocer más lugares e itinerarios para cada rincón de la Ciudad de Mexico, no dudes en visitar este link.

2 thoughts on “Una intensa semana en Ciudad de México: guía completa de viaje

  1. Ah vea pues tanto por visitar pero no me quedo tiempo, yo lo unico que hice fue montar en cicla, comer en la calle y dictar clases todos los dias… la proxima vez ya iré

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