La depresión vietnamita (tercera parte)

Resumiendo: hasta el momento, en Vietnam me habían echado por primera vez de un trabajo (que me parecía relativamente fácil) y me había sentido intimidada viajando sola. ¿Qué me depararían los siguientes días?

Banderas para festejar la Independencia de #Vietnam, del 2 al 9 de septiembre. #Hanoi

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No lo sabía pero tampoco quise obedecer aquellas primeras señales . Pensaba que tal vez era como esas personas que al principio nos caen mal y a quienes, después de conocer en profundidad, terminábamos hablando con gusto.

Era extraño: los viajeros que había conocido solían opinar de extremo a extremo sobre este país. Unos lo adoraban y otros lo odiaban. O el sol radiante o la tormenta perfecta: no había puntos medios.

Curiosa, decidí pasar la página y subir a Hoi An, donde me encontraría con una amiga que no veía hace unos tres años.

Necesitaba desesperadamente reencontrarme con mi amiga

Ella viajaba de España a Vietnam para pasar vacaciones y yo lo único que tenía que hacer era acomodar mi  itinerario para vernos aunque fuera un par de días (viajar lento te permite ser flexible). Así que allá terminé, después de unas cuantas horas en una minivan, en la que, valga decirlo, nadie hablaba inglés.

Un respiro

El reencuentro me dio un respiro. Lo necesitaba: quería una mano amiga, que pudiera hablar mi idioma y que entendiera lo que estaba sintiendo. A veces me preguntaba si estaba creando un huracán en un vaso de agua, si al vivirlo desde la inmersión terminaba exagerando.

Aparte, la incomprensión me atormentaba. La respuesta a tantas preguntas no estaba en los libros ni era fácilmente identificable.

Entonces, el alivio llegó, entre playas (turísticas, por supuesto, porque no iba a repetir la pasada experiencia), piscinas, y los farolitos de la fotogénica ciudad.

Pero así como apareció, se fue. Sola nuevamente, no le vi mérito a quedarme donde solo esperan que consumas (voici el “comunismo” vietnamita).

¡Qué dilema! O ciudades turísticas donde te quieren vender hasta el gato, o super auténticas, donde eres el bicho raro. Eran los extremos de Vietnam.

Como no tenía mucho dinero porque mis ahorros en pesos colombianos agonizaban, decidí seguir subiendo hasta Hanoi para trabajar lo antes posible. Dejé Hoi An en bus, no sin antes contactar a mi gente (colombiana) porque en efecto, aún no me había recuperado del shock y necesitaba tomar fuerzas para volar sola.

Robada y bloqueada

Ya varios me habían dicho que para trabajar como “teacher” necesitaba sacarme la certificación oficial (TEFL) y que se podía hacer por internet. Lo vi como una inversión rápidamente recuperable, por lo que intenté inscribirme, y pagar con mi tarjeta crédito.

No pude. Imaginé que por enésima vez, me habían bloqueado las tarjetas (porque con tantos cambios de ciudad, los bancos creen que alguien te está suplantando).

Pues cuál sería mi sorpresa cuando revisé el estado de cuenta y habían hecho compras por más de mil dólares (hasta aquel momento). Lo peor es que un amigo de Colombia que tenía mi antiguo teléfono del trabajo ya me lo había advertido: lo habían llamado 800 veces del banco a ver si yo autorizaba unas transacciones… pero no me imaginé nada raro hasta que lo confirmé.

Pánico, estrés, montaña rusa de emociones, como solía suceder últimamente. Debía bloquear mi tarjeta lo antes posible y con 12 horas de diferencia con Colombia, nadie me respondería hasta el día siguiente.

El río cerca a la Ciudad Vieja de Hoi An por la noche me recuerda que hay luz en la oscuridad. Sí, porque ayer me di cuenta que seis meses atrás estaba saliendo de El Dorado en Bogotá para iniciar este #viaje que me ha dado tantas alegrías, pero también alguna que otra crisis como la que estoy viviendo en #Vietnam. Como lo leen… a veces a muchos "influencers" les encanta mostrar que todo es color de rosa #viajando pero no! También hay tristezas y millones de dudas. A mis 6 meses sin tiquete de regreso pongo algunas de las que me asaltan: Es hora de parar esto ya? Es hora de quedarme quieta en algún lugar y enfrentar la pregunta de qué es lo que quiero realmente? Me hace falta mi carrera, me hace falta hacer periodismo serio y presentar: debería volver a intentar en #Colombia? Tal vez en otra ciudad? Se puede disfrutar de un viaje sin dinero? Cuántas oportunidades le damos a un país para que nos guste? Hay que darle "oportunidades" a un país o dejamos que las primeras impresiones nos nublen la vista? Yo me aferro a las lucecitas nocturnas, porque siempre hay algo que nos alegra, en momentos tenebrosos. Viene un post lleno de preguntas, aunque tal vez no de respuestas, en el #blog… porque hay mucho más allá de una "selfie" de viaje. #viajar #domingo #travelblogger

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Miré con lupa lo que habían hecho: todo empezaba el día que dejé Hoi An. Pudo haber sido en el hotel o en el bus mientras dormía (pese a que llevaba las cosas de valor conmigo y no en el maletero). Quién sabe… igual, el daño estaba hecho.

Hablé con mis papás y de aquello resultó una charla que me hizo dudar de mí, del viaje, de todo. ¿Para qué seguir “sufriendo” en un país extraño? ¿Valía la pena “luchar” por permanecer en un lugar en el que estaba claro que no tenía suerte? ¿A quién quería demostrarle que podía con todo?

Ya sabía las respuestas. Pero rendirme no era opción: en mi imaginario, los hombres eran quienes se daban por vencidos ante el primer obstáculo (mil disculpas a los que me leen). Pensaba que quienes huían de cualquier mínima complicación como chihuahuas asustados eran ellos (de nuevo disculpas al público masculino). ¿Pero yo? ¿Tildada de “facilista”? ¡Si era una guerrera!

Pues la vida sabe qué darnos y qué quitarnos. Sabía que lo que necesitaba en ese momento era una buena dosis de humildad, por lo que me tiró del pedestal al que yo misma me había subido.

Echada por segunda vez

Para completar la nueva tragedia, en Hanoi me echaron nuevamente de un empleo.

Los colombianos que conocí me habían ayudado al punto de contactarme con escuelas que necesitaban “teachers” para YA. Así, la semana de mi atribulado arribo a Hanoi, empecé a trabajar.

(((PARÉNTESIS: Sí, aquí hay varios vacíos que contestaré en la próxima entrada. Ejemplo: ¿Hice el TEFL al final o no? ¿Qué pasó con la tarjeta? ¿El banco respondió por algo? ¿Cómo conocí a los colombianos? ¿Qué hacen ellos en Hanoi?)))

En mi primera clase en la capital, salí con una gran sonrisa en el rostro. Me parecía divertido ser “teacher”, pagaban en “cash” y además no estaba nada mal. Las cosas iban a mejorar, estaba segura.

Horas después, la directora me dijo que había escuchado la retroalimentación de las “profes” vietnamitas. Al parecer, ellas no sonreían como yo. ¿La crítica? Que yo no “controlaba” a los niños, y que ellas no habían aprendido nada nuevo conmigo.

(((PARÉNTESIS: al dar clases de inglés en este país, el profe extranjero enseña con un profe asistente vietnamita))).

Entonces, me echaban no por mi inglés ni por la impresión de los niños hacia mí, sino porque no los “controlaba” lo suficiente ni había enseñado “nada nuevo” a las profesoras locales.

De nuevo estaba confundida: ¿La clase era para enseñarles a ellas o a los niños? ¿Y controlarlos cómo? Si yo no era capaz de gritarles ni pegarles como había visto hacer a varias…

Esta clase la inicié después de la segunda echada

La noticia llegó el mismo día de enterarme que me habían clonado la tarjeta, aunque lo sorprendente fue que no me afectó. Al parecer, por fin estaba creando callo.

(No se pierdan la última parte de esta historia. Prometo que será la última… en serio :D)

6 thoughts on “La depresión vietnamita (tercera parte)

  1. Se supone que me debo reír o llorar con tanta tragedia… jajajaja ay Paula, a todos nos llega alguna vez la denomida “roya”. Cuando comencé a leer esta tercera entrada me acorde de mí llorando en Cuba, con el estrés al 100% y con ganas de salir corriendo. Ahora ya no me cae mal Cuba como a ti te podría caer Vietnam, pero si hay algo clarísimo, y es que a mi también me bajaron a golpes del pedestal de “mujer guerrera que viaja sola, no necesita a nadie y es feliz”.

    Ahora comprendí que uno de los golpes más fuertes para que le bajara a la arrogancia fue esa isla del Caribe, parece que a ti te tocó con Vietnam!!! Y está bueno, de todo aprendemos, con todo crecemos e igual cada cosa que te ha pasado es totalmente superable.

    Seguir adelante con humildad como lo estás haciendo te hace una mujer guerrera. Te admiro mucho. Yo tal vez ya estaría de vuelta en Colombia o no pararía de llorar y suplicarle piedad al universo 🙂

    Un abrazote.

    1. Jajajajajaja pues es una tragicomedia!!! La verdad que ahora mirando un poco con distancia, todo esto me da risa. Las caídas y los golpes sirven para aprender y ahora estoy más fuerte :D. Sí, Vietnam me devolvió la humildad pero dice el himno de mi tierra: “Santandereanos, siempre adelante! Ni un paso atrás!!!!”. Espero no tener que arrepentirme de haber dicho estas palabras pero… sigo luchando. Un abrazo Naty!!

  2. Hola Paula! Rama acá, no se si te acordás de mi, fuimos al Doi Suthep juntos hace unos meses. Me gustó mucho leer como sigue tu viaje, y me alegra que las cosas se estén enderazando por Vietnam, parece un país muy intenso en lo bueno y en lo malo, ojalá todo siga de la mejor forma de ahora en más.
    Lo único que no me gustó del post es que nos atribuyas a los hombres el bajar los brazos fácilmente ante la adversidad, conozco muchos (entre los que me incluyo) que somos especialistas en remar en dulce de leche y muchas mujeres que a la primera de cambio se bajan del barco, no creo que el como le hace frente uno a la adversidad sea una cuestión de género.
    Te mando un beso, el mejor deseo de que todo siga de la mejor manera por ahí y si algun dia visitas Chiang Mai nuevamente pegame el grito para juntarnos 🙂

    1. Eyyyy Rama!!! Obvio que me acuerdo de ti y de los parceros uruguashos jajaja. Sí, intensidad y montañas rusas al 100%: ¡Así es Vietnam! Seguiremos remando por acá. Jaja perdón, he conocido mujeres muy valientes y hombres bastante cobardes pero es verdad que no se puede generalizar!! Un abrazote y obvio te avisaré si regreso a Chiang Mai 😉

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