Soledad “made in” Bogotá

Aunque estoy agradecida con esta tierra de oportunidades y de trabajo, no puedo negar que vivir en Bogotá me pega duro por el frío, la altura, los trancones y las diferencias culturales con los “rolos”.

Amigos capitalinos: no se molesten, no hablo de personas con nombre propio sino del ambiente en general. Al fin y al cabo, esos muros imaginarios que se erigen al vivir en Bogotá son comprensibles. Yo también los he construido al “echar codo” (empujar) para sentarme en el transporte público, al armarme de paciencia para ignorar el ruido, la contaminación, los olores, los gritos de la gente, los insultos…

¿Cómo es vivir en Bogotá?

A la hora de comparar con lugares como Medellín, o la propia Bucaramanga (mi ciudad natal), es inevitable calificar esta ciudad como fría, seca, agresiva y poco acogedora. Esto, pese a que la capital colombiana cuenta con restaurantes increíbles, grandes conciertos, festivales, y todo tipo de actividades culturales que no se ven en el resto del país.

Títulos del centro histórico de Bogotá
Títulos del turístico centro histórico de Bogotá

Pese al bello centro histórico y a la ciclovía de los domingos, cuando cierran las vías principales de la ciudad para que la gente haga deporte, lleve a sus perros, etc. Un bálsamo para olvidar lo acumulado en la semana…

Pese a los eventos académicos que te retan todo el tiempo a seguir aprendiendo. Pese a que, periodísticamente, nunca te aburres con las noticias que “estallan” de un momento a otro en esta urbe de casi ocho millones de habitantes.

Pero hablando de vida privada, al vivir en una ciudad tan grande, donde es tan difícil movilizarse, lo único que provoca es quedarse en casa. Sí porque si no empujas para poderte subir al Transmilenio (buses con carril exclusivo), no llegarás a tiempo. El problema es que en él, la inseguridad es rampante (está lleno de ladrones dedicados al “cosquilleo”). Entonces, la gente opta por el vehículo particular (y por ello, las vías colapsan), aunque tenga que andar durante horas “en primera”, debido a tantos embotellamientos,

Entonces creces personal e intelectualmente. Al encerrarte casi que obligadamente, aumentas tu capacidad de resistencia, lees de todo, te informas de las críticas audiovisuales, te entretienes con series, películas, documentales… pero la vida social, pal’ traste.

En otras ciudades puedes conocer gente interesante a la vuelta de la esquina. Aquí, eso implica salir e inmediatamente recrear el novelón de cómo llegar a un sitio determinado. ¿Quién se anima, sabiendo el caos que le espera afuera? Complicado.

Hablar con desconocidos: ¡Prohibido!

También están los prejuicios que tanto condicionan la rutina: no hablar con desconocidos pues en una ciudad tan grande, “hay de todo”. Traducción: todo tipo de crimen.

Un día invité a una amiga bumanguesa a ir de compras a las 6 de la tarde (cuando ya estaba oscuro). “Qué dices!! Me dijeron que no saliera en la noche porque es muy peligroso”. JAJAJAJA!!!!!! Dos horas de risa. Pero de ese calibre son nuestras propias sugestiones.

Otro día, alguien se me acercó en la calle cuando iba de afán, a preguntarme cómo llegar a algún sitio que ahora no recuerdo. Mi reacción no fue parar a pensar cómo le ayudaba, sino decirle que no sabía y salir corriendo (porque qué tal fuera un ladrón…)

Falta de cultura ciudadana

Es la ciudad que más ofrece trabajo en Colombia, pero cuya cultura ciudadana caída en desgracia, cala hasta los huesos. Solo hay que ver cuando se abre el Transmilenio y la gente empuja inmediatamente apenas ve las puertas moverse, en vez de dejar salir a los que intentan bajarse en su destino.

U observar a los que se sientan en las sillas de embarazadas y se hacen los dormidos cuando se sube una. O a los que se quedan callados cuando ven un robo y dejan que todo pase, como si nada. O a los que se saltan la taquilla del transporte público para no pagar.

Cómo sobrevivir

Vivir en una “familia adoptiva” se vuelve necesario. No solo porque los precios del arriendo en zonas céntricas son una exageración, sino para tener en quién refugiarte cuando regresas de la selva de cemento. Hacer planes, pese a todo, también ayuda.

Así entiendes por qué, al vivir en Bogotá, las ganas de viajar aumentan exponencialmente: pasar mucho tiempo de corrido allí puede agotar la paciencia hasta del mismísimo Job.

2 thoughts on “Soledad “made in” Bogotá

  1. Todo mal. En otras ciudades es difícil conocer gente interesante en todas las esquinas. Es mas, en Colombia no hay otras ciudades. Digamos que Bogotá es fría, si, pero la provincia es goda, conservadora y cerrada. Yo no sé si 19 grados de temperatura es frio. ¿Es?. Pa’ movilizarte compra una bicicleta. Hablando de movilidad, miremos como es de “facil” moverse por los trancones de Bucaramanga o Manizales. Lugares estos con 10 veces menos la población de Bogotá e infinitamente mas pequeños y donde también uno se demora una hora en un trancón en hora pico. Muy bonita tu nostalgia de la provincia. Pero allí y acullá Colombia repite los mismos problemas. O es que en Medellín hay una solidaridad tremenda cuando le tiran acido a un muchacho por defender a un animal. Me extraña leer este artículo de una niña “cosmopolita” como tu. Lo siento pero tu nostalgia melosa, hoy me empalaga.

    1. Hola Javier, gracias por tu comentario. Cuando hablo de frío, no es en cuanto a la temperatura. Es en cuanto a la distancia , la frialdad en el contacto con la gente. Y en efecto, me movilizo en bicicleta por Bogotá, para no soportar esos trancones. De hecho, en otras ciudades también hay trancones increíbles (he de escribir una entrada sobre Bucaramanga), pero vivo aquí y por eso escribo de aquí. Ahora, no digo que en la provincia se conozca más gente, de hecho, hace rato que no vivo en provincia. Pero sí es un hecho, y es lo que siento, que en Bogotá es más difícil ampliar el círculo social que en otras ciudades donde he vivido fuera de Colombia. Un saludo

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