Estudiar en Francia: ¿por qué sí y por qué no?

Vale la pena: estudiar en Francia es un sueño. Los extranjeros pueden realmente disfrutar de la educación pública: mi Master, por ejemplo, me costó 500 euros (!!), algo inimaginable en Colombia, donde los estudios de este tipo pueden costar desde 10 mil euros hasta 40 mil. Además, superar el reto de estudiar en otro idioma es doble satisfacción: aprender teoría de relaciones internacionales y encima, en francés, es una razón para inflar el pecho de orgullo.

El precio del alojamiento en residencia universitaria varía dependiendo de la ciudad. Hay diferencias abismales entre un cuarto en Toulouse y un cuarto en París. Aquí, la Garonne, que atraviesa Toulouse, “la ciudad rosa”.

Las ventajas para los estudiantes en Francia son además incomparables: descuentos en los museos, en los cines, en todas partes. Acceso a residencias universitarias subsidiadas por el Estado, con un arriendo incluso más barato que pagar un cuarto en Bogotá (aunque eso no es tan difícil de encontrar). Gracias a los 130 euros que pagaba mensualmente en Toulouse, por ejemplo, pude mantenerme con los ahorros que hice en pesos mientras trabajaba en Colombia.

El precio de la comida en los restaurantes universitarios también es un sueño: 3 euros por un plato de comida, una entrada, postre y pan. El “corrientazo” estudiantil. No tan abundante como el “ejecutivo” colombiano pero sin duda, mejor que un sandwich en la calle, un kebab o una hamburguesa. Y más barato.

El broche de oro de tanta maravilla son las ayudas de la CAF (Caisse d’Allocations Familiales). El estado francés las otorga tanto a estudiantes nacionales como extranjeros y varían dependiendo del nivel de ingresos y del precio del alojamiento. Unos euros que no caen mal a nadie (de un arriendo de 330 euros, por ejemplo, la CAF puede cubrir cerca de 100 de ellos, dependiendo del caso, prácticamente un regalo).

La otra cara de la moneda

Todo tiene su precio: lidiar con el pesado Estado francés. “Liberté, égalité, fraternité”: Sí, pero después de un largo proceso burocrático. El lema se hace posible después de mil y un trámites para tener todos los documentos al día, no solo en cuanto al estatus migratorio sino también al estudiantil. Para evitar el desespero desde la llegada, consejo: empezar desde la primera semana los procesos.

Primera tarea: sacar la tarjeta de estudiante. Procedimiento fácil, si se paga la inscripción de la universidad en efectivo pero si se escoge un método diferente, como la inversión de las cesantías colombianas en educación en Francia (una institución es la que paga la inscripción directamente a la universidad), la cuestión se complica. Hasta un mes puede pasar esperando el documento. Días eternos pues sin esta tarjeta no se puede acceder a los tan anhelados beneficios. Ni siquiera es posible lavar ropa en la residencia porque las máquinas funcionan con el chip de la tarjeta. Así, permanecer sin el carné, aunque todos los documentos estén en regla, es como vivir indocumentado.

El soñado Estado de bienestar francés. Sin duda, incluyente pero (muy) burocrático. Aquí, el capitolio de Toulouse, en el centro de la ciudad.

Abrir una cuenta de banco también toma su tiempo. Hasta dos semanas para recibir la tarjeta. Y mientras tanto, hay que aguantar las ganas de comprar un buen celular porque piden el RIB – número de identificación bancaria-, que saldrá una vez llegue la tarjeta.

Para usar el internet en la residencia, hay que tener registro de estudiante y para tener internet en el celular, identificación bancaria. Conclusión: vivir aislado del mundo durante al menos un mes será la primera prueba. Difícil, claro, para los latinos que adoramos hablar de todo y de nada a la vez.

Los maestros: calidad (y ego) en exceso

Los profesores son eminencias. Todos han publicado libros, infinidad de artículos y en mi área, por ejemplo, han tenido cargos importantes en la ONU, en la OTAN o representando al Estado en Embajadas y otros puestos diplomáticos. Conocer cómo se aplican, en la práctica, las teorías o algunos aspectos de campo que nunca se sabrían de no tener este contacto de primera mano, no sería posible. Sin embargo, la metodología monótona y acartonada de las clases magistrales opaca la calidad de su CV: el profesor habla tres horas sentado, moviendo escasamente los labios y luego se va.

Para quienes ven en los estudios de posgrado una oportunidad de hacer contactos, también pueden olvidarlo al venir a Francia. Hasta contactar a los profesores para resolver dudas es, de por sí, una odisea. Pueden tardar hasta dos meses en responder un correo. Eso, sin contar el paranoico que no da ni el correo. Me acuerdo uno a quien le pedí su contacto, en caso de que en un futuro necesitara ciertas aclaraciones sobre los procedimientos en la ONU (era militar retirado):

– Me gustaría tener a quién consultar procedimientos específicos dentro de la ONU, pues cubro Internacionales como periodista. Por eso, quisiera tener su correo electrónico, si no es una molestia – le dije.

– ¿Para qué? A mi me gusta vivir en la sombra – me respondió.

– Usted es un experto en el tema, ha vivido la aplicación de las resoluciones de la ONU en el campo y no sólo en las Embajadas. Usted entiende los ‘pros’ y los ‘contras’ y lo que hay detrás de los eufemismos en las declaraciones diplomáticas. Quisiera conocer su opinión cuando tenga que escribir sobre ello – insistí.

– A mi no me gustan los periodistas – finalizó.

Y así terminó la conversación (y cualquier intento de continuar el contacto con alguna de estas eminencias, con fines profesionales).

Además, se minimiza el debate pues contestarles es casi un sacrilegio (que se debe cometer, sobre todo, cuando hablan de Colombia como si hubiera quedado detenida en el tiempo de Pablo Escobar). Y no falta quien hace una pregunta de cinco minutos enunciando mil teorías y citaciones, no para encontrar una respuesta sino para mostrar ante los demás quien es el más “intelectual”. Sobre todo en Ciencia Política, abundan los ‘personajillos’ de este tipo.

Adivinar los procedimientos de evaluación: otro reto

Cambio de chip. El profesor ya no va a explicar cómo pretende evaluar desde el principio del curso. Tampoco va a decir qué espera de usted en ensayos futuros. Todo hay que adivinarlo. Consejo: guiarse por los compañeros de curso o buscar personas de la promoción anterior. Pertenecer a un grupo del Facebook donde se traten temas del Master, una herramienta para no desperdiciar.

Y el choque más grande: la NO retroalimentación después de una evaluación. El estudiante nunca sabe qué hizo bien y qué hizo mal ni puede aprender de los errores que cometió en el curso. Simplemente debe resignarse a esperar la nota sin esperanzas de recibir las correcciones del examen. Se pueden pedir, sí, pero el procedimiento es engorroso y puede que la hoja no tenga ni una corrección. Es la filosofía de reguetonero, aplicada a la educación: lo que pasó, pasó.

En conclusión, el lema “liberté, égalité, fraternité“, es palpable, de eso no hay duda. Pero hay que armarse de paciencia…

Versión publicada en Express News Londres

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